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Política

11/02/2019

Revueltos pero no juntos

Casado, Rivera y Abascal fueron acogidos por sus seguidores con gritos de «presidente» y apenas compartieron espacio entre ellos

Ricardo Rubio

Revueltos pero no juntos

SPC

Había expectación, o más bien morbo, por ver la foto final de la concentración proelecciones de ayer en Madrid. Y no defraudó. El escenario fue el monumento al Descubrimiento y los protagonistas los líderes del PP, Ciudadanos y Vox. Revueltos, pero no juntos. Porque Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal compartieron escenario. Pero poco más.
Y es que más pronto o más tarde, habrá comicios. A una parte de los asistentes le gustaría que las ganara Abascal, a otra Casado y a otra Rivera. Porque los tres fueron acogidos por su público con gritos de «presidente, presidente».
Se respetó, y mucho, la simbología que los organizadores querían que dominara la convocatoria y no hubo manifestante que no llevara en la mano su bandera española. Ayer, la gran enseña que ondea en Colón y que llegó a entrar en el Guinness por sus dimensiones (50 metros de altura. Solo el paño pesa 25 kilos) no estuvo sola, sino acompañada de miles de pequeñas réplicas y de muchas banderas de la UE, bastantes senyeras y alguna del colectivo LGTBI, de la Guardia Civil, de la Legión...
En la plaza se tendió un manto de banderas ondeadas al ritmo del Viva España, de Manolo Escobar, que sonó bastante más que el tímido Hoy puede ser un gran día, de Joan Manuel Serrat.
Esa sería la perspectiva que la enorme estatua de 12 metros de altura de la niña Julia, del barcelonés Jaume Plensa, hubiera visto si no fuera porque tiene los ojos cerrados para introducir en el ruidoso Madrid «ternura, armonía y silencio». Lo explicó su autor el día de su colocación. La escultura totalmente blanca que invita a la serenidad, la que hace falta en el actual momento político, como tan atinadamente expresó también Plensa.
Desde primeras horas de la mañana fueron llegando a Colón familias enteras, muchas procedentes de otras provincias en autobuses que circularon toda la noche para llegar a Madrid. Como el que llevó a David. «A ver si cambiamos las cosas, que ya está bien», resumió.
Y también se veían muchos niños porque «desde pequeños hay que hacer patria», opinó Gema, una votante de Ciudadanos que acudió sola a la concentración y que lamentó que en España «no tenemos un sentimiento de patria, que es de todos, independientemente del color político».
Entre los 45.000 o los 200.000 asistentes, según quién los contase, algunas caras más famosas, como la del escritor Mario Vargas Llosa, o la de Carmen Iglesias, ahora directora de la Real Academia de Historia, que acompañaron a políticos de un amplio elenco de partidos próximos a los convocantes.
Algunos de ellos se atrevieron a expresarse con su propia ropa, como la secretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, que en su camiseta estampó: No somos fachas, somos españoles.
Otros personajes estuvieron presentes, pero para arremeter contra ellos, como el propio presidente del Gobierno, cuyo nombre aparecía, por ejemplo, en señales de tráfico con la leyenda: Stop Sánchez, Elecciones Ya, y al que una pequeña pancarta llamaba okupa y le pedía que se fuera en «cohete». También los nombre de Carles Puigdemont y Quim Torra, tildados de «golpistas», estuvieron en boca de muchos. 
Poco a poco, la plaza se fue desalojando, pacíficamente. Una frente a otra, la bandera española y la niña Julia continúan pidiendo serenidad.

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