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Medio Ambiente

23/10/2021

La tierra generosa

Allí donde el sol asoma primero en La Rioja, los elementos se conjuran para convertir las llanuras a la vera del Ebro en una gigantesca huerta a mayor gloria de la dieta mediterránea

La tierra generosa

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Hay quien comenta con cierta gracia, y con el punto justo de exageración de los dichos de pueblo, que en estas tierras agraciadas por el clima y por las aguas del Ebro, el Alhama y el Cidacos se hinca un palo de escoba y crece un árbol.
Esa fertilidad que le regala la naturaleza a buena parte de la porción más oriental de La Rioja no pasó inadvertida ni a romanos ni a árabes, que dejaron obras y saberes en estos pagos generosos, donde el suelo provee de casi todo lo que la cotizada dieta mediterránea necesita como aderezo para sus recetas más celebradas. No hay más que trazar una línea recta entre Calahorra y Alfaro, con Aldeanueva de Ebro y Rincón de Soto entre medias, y el viajero se adentrará en un gigantesco vergel que abastece al mercado de fresco y a la industria conservera y transformadora de fruta, espárrago, tomate, alcachofas, cardo, coliflor, aceite, vino y un sinfín más de productos, que en muchos casos viajan de la finca al frigorífico de casa, al fogón del restaurante o al bote de conserva sin apenas pisar asfalto ni viajar en contenedor.
En este particular edén del este riojano, hay delicias con nombre y apellido que traspasan fronteras. Las peras de la Denominación de Origen Rincón de Soto fueron las primeras en España en proteger su calidad con esta figura. Ese paraguas de la DOP ampara fruta de las variedades Blanquilla y Conferencia cultivadas no solo en Rincón de Soto, sino en 27 municipios, desde Alfaro, donde el este marca ya la muga con Aragón, hasta San Asensio, casi en el otro confín de la Comunidad.
Especialmente apreciada por su calibre, dureza y alto grado de azúcar, la pera de la DOP Rincón de Soto exhibe orgullosa su russeting (herrumbe superficial) como signo de identidad. De su cultivo en tierras riojas hay constancia desde el siglo XVII. Del humilde plato de postre, la reina de las frutas riojanas es capaz de sofisticarse hasta proporcionar sabor a helados de vanguardia o compañía a un magret de pato.
En Calahorra, la tierra hace otro regalo gastronómico. La coliflor adopta el apellido ‘De Calahorra’, amparada por una Indicación Geográfica Protegida (IGP), con productores reconocidos en 11 municipios de la zona. Las condiciones de los suelos regados por los cauces del Ebro, Cidacos y Alhama, los suaves inviernos y largos veranos le confieren una textura particular y un color inconfundible entre el blanco y el crema.
Cualquier restaurante con unas mínimas pretensiones es capaz en estas tierras de encumbrar una menestra a la categoría de obra de arte culinaria sin más ingredientes que lo que da la huerta, un sofrito de ajo y jamón y mimo en el guiso.
La Calagurris Nassica Iulia romana invita a tomar mesa y mantel, pero también a callejear por la patria chica del insigne orador Marco Fabio Quintiliano y a extasiarse ante el conjunto que forman la catedral de Santa María y el Palacio Episcopal. La huella romana, omnipresente por todo el municipio, se entiende mejor con una visita al Museo de la Romanización.
Camino de Alfaro, aguas abajo del Ebro, la fértil vega hace de Aldeanueva de Ebro tierra de huerta, cereal y viña. Ya en su casco urbano, el ladrillo se reivindica como material tan noble como el que más en la arquitectura renacentista de la iglesia de San Bartolomé.
A Rincón de Soto, el Ebro no solo le regala sus aguas para regar perales y huertas de hortaliza, sino también frescas choperas para pasear. Desde lejos, la esbelta torre de San Miguel Arcángel destaca como elemento monumental destacado.
En toda la comarca, peras y coliflor esgrimen sus ‘títulos’, pero la calidad de otras exquisiteces de la huerta está más que acreditada. Las alcachofas ennoblecen menestras y un sinfín de guisos más de un recetario que encuentra en La Rioja Baja, o con la terminología hoy más al uso, La Rioja Oriental, otros ingredientes delicatessen, como el cardo, la estrella de las cenas navideñas. El cultivo de esta verdura de invierno se concentra sobre todo en Calahorra y Rincón, y se presta mucho al autoconsumo para orgullo de hortelanos que remueven caballones y se afanan con maestría por lograr el cardo más fino.
De finura presume también el espárrago. Con una superficie de cultivo a años luz de lo que fue, la escasa producción derrocha calidad y va dirigida a los paladares más exigentes. El ‘oro blanco’ del Valle del Ebro se produce bajo Indicación Geográfica Protegida Espárrago de Navarra, que también ampara a productores aragoneses.
Menestras, ensaladas o guisos encuentran en el aceite de La Rioja, con Denominación de Origen Propia, la ligazón perfecta para redondear un plato. 60 empresas adscritas a esa figura de calidad extraen de las olivas, con tradición desde siempre en Rioja Media y en los valles del Cidacos y el Alhama, principalmente, el preciado líquido con condiciones organolépticas inapelables.


El reino de las cigüeñas.

Antes de despedirse, el Ebro obsequia a La Rioja con uno de sus ecosistemas de mayor valor. Los Sotos de Alfaro albergan una riqueza faunística de primer orden y permiten una cómoda visita en cualquier época del año. La cercanía de este tesoro ribereño propicia que el nombre de Alfaro resuene por acoger la que es probablemente la mayor colonia urbana de cigüeñas del mundo. El centenar de nidos que coronan tejados, cornisas, pináculos y torres son ya parte indisoluble de la soberbia arquitectura en ladrillo de la colegiata de San Miguel, que luce portada renacentista y ricos retablos barrocos.
Alfaro, el municipio de mayor extensión de La Rioja, echa mano de la cercanía de la huerta, como en toda la zona, para una cocina ‘kilómetro cero’ de diez. Y no solo de verdura viven manteles caseros y de postín. Las cigüeñas le dan fama, pero también los rusos, una de las estrellas de la golmajería riojana, que ha hecho de este pastel de merengue santo y seña de la localidad más oriental de la región, desde que la confitería de Marcos Malumbres le diera fama y proyección hace 140 años.

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