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Agricultura

05/05/2021

El futuro ya está aquí

Una alianza entre DATAGRI y DEMOAGRO trabajará para que la investigación sea más accesible a los profesionales del sector. Marcos Esteve, un agricultor de 24 años, ya ha demostrado que con la tecnología puede mejorar la gestión de la tierra

El futuro ya está aquí

M.H. (SPC)

La población mundial crece sin pausa. Algunos modelos predicen que llegará a un máximo de algo menos de 10.000 millones de habitantes hacia mediados de este siglo, otros que alcanzaremos los 11.000 a finales. Lo que parece claro es que en las próximas décadas va a incrementarse de manera significativa. Y va a ser imprescindible que la humanidad se las arregle para poder alimentar a todas esas bocas.
Para ello será necesario poner a producir nuevas tierras, sin duda, pero aún más importante será conseguir que las que ya están cultivadas aumenten sus rendimientos al mismo tiempo que disminuye el impacto al medio ambiente de la actividad agropecuaria. Una tarea difícil, pero para la que el ser humano tiene un gran aliado: la tecnología.
Para conseguir ese objetivo el Foro para el Impulso de la Transformación Digital en el Sector Agroalimentario (DATAGRI) y la principal feria de demostración de maquinaria agrícola en campo de toda España, DEMOAGRO, han sellado una alianza por la que se creará la mayor comunidad agrotech del sur de Europa. Gracias a esta iniciativa, los eventos de referencia del sector agrario en materia de transformación digital y maquinaria establecerán sinergias para mejorar la transferencia de conocimientos entre todos los agentes de la red agroalimentaria. Todo ello con la finalidad de sentar las bases de un modelo de producción más sostenible desde el punto de vista económico, social y medioambiental.
«Queremos sumar esfuerzos para multiplicar el impacto de todas aquellas iniciativas de las que se pueden extraer aprendizajes significativos, poniendo en valor toda la innovación que está detrás de una producción de alimentos de calidad, sanos y seguros», han subrayado los miembros de los comités organizadores de ambos eventos. El acuerdo se empezará a desarrollar en el presente año.
La idea es aunar el conocimiento de los fabricantes de maquinaria con los de los investigadores para que el fruto del trabajo de ambos pueda llegar a los profesionales del sector y aplicarse en la agricultura real. La tecnología en el campo agropecuario está avanzando a buen ritmo, pero todos esos avances y toda la información que se genera tarda en llegar al agricultor de a pie. Por eso es tan importante fomentar una transferencia eficiente de conocimiento y conseguir que la I+D no se quede en las universidades y los centros de investigación con el fin último de conseguir una actividad agropecuaria más rentable y sostenible.

 

Un buen ejemplo

A día de hoy ya es común    que los tractores lleven incorporados sistemas de localización GPS que ayudan a optimizar las trazadas y el uso de insumos como semillas, fertilizantes o herbicidas. Pero la tecnología ha llegado mucho más lejos que eso y un buen ejemplo es Marcos Esteve. Este joven agricultor de tan solo 24 años cultiva cereal en la comarca de La Valdorba (Navarra) y ha demostrado que la agricultura actual está muy lejos de sacar partido a todo su potencial. Ha conseguido aumentar en un 40% el rendimiento de la tierra ahorrando hasta un 85% en productos fitosanitarios y un 30% en gasoleo.
Acabó en el tractor casi por accidente. Nacido en Barcelona, se mudó junto a sus padres con apenas cuatro años de edad. Su madre y su tío comenzaron a labrar y apostaron por la agricultura biodinámica, un modelo de agricultura ecológica que no consiguieron hacer rentable. Hace cuatro años tuvo que hacerse cargo de la explotación por problemas familiares y además tuvo que aprender a compaginar esta actividad con sus estudios de ingeniería mecánica.
En el ejercicio 2016-2017 se produjo la transición de la biodinámica a agricultura comercial habitual en nuestros campos, pero Marcos quiso hacer las cosas bien. Se dio cuenta de que el gasto en insumos era muy alto y además vio que se utilizaban ciertos productos sin demasiado criterio, así que buscó información. Leyó estudios de universidades, de revistas norteamericanas, de centros de investigación… y llegó a la conclusión de que había otra manera de cultivar cereal: la llamada agricultura de precisión o tecnoagricultura.
Los satélites, como el Landsat o el Sentinel 2, juegan un importante papel para este tipo de prácticas. Este último fue puesto en órbita para proveer de datos al programa Copernicus de la Unión Europea, una iniciativa única de vigilancia medioambiental que está cambiando drásticamente la forma en que gestionamos nuestro entorno, entendemos y abordamos los efectos del cambio climático y protegemos nuestra vida cotidiana. Los Sentinel 2 (en realidad son dos satélites idénticos que giran en la misma órbita en puntos opuestos) llevan una innovadora cámara multiespectral de alta resolución con 13 bandas espectrales que aportan una nueva perspectiva de la superficie terrestre y la vegetación.
De esta nueva perspectiva, junto con los datos que obtiene de un dron especialmente equipado, Marcos saca la información necesaria para no despilfarrar nada y aumentar la producción de sus parcelas. Entre el dron y los datos de satélite consigue cartografiar la tierra en cuadrículas de medio metro cuadrado y tener datos de cada una de esas cuadrículas que le dicen la cantidad exacta de fertilizantes o herbicidas que debe aplicar.
Una vez conocidos esos datos, los introduce en el programa informático de manejo de su tractor, de última generación igual que los aperos que utiliza, y la propia máquina, gracias también al GPS, es capaz de discernir cuáles son las áreas en las que debe esparcir más o menos fertilizante porque esos datos revelan qué partes del suelo cuentan con nutrientes suficientes y cuáles necesitan un aporte extra. Esta posibilidad permite que los abonados se conviertan en una operación a la carta para cada medio metro cuadrado de suelo, sin desperdiciar de esa manera ni una gramo.
Marcos cuenta que hace tres años empleaba alrededor de cien toneladas de fitosanitarios al año y ahora le sirve con poco más de la mitad, lo cual, teniendo en cuenta que estos productos representan un importante gasto para cualquier cerealista, supone un ahorro nada desdeñable. Así, su explotación es ahora más rentable y un año de mala cosecha se sobrelleva mucho mejor, ya que los márgenes son más amplios.
Además, este tipo de prácticas están muy en línea con las pretensiones de la Unión Europea y la nueva PAC, que incentivan cada vez más los usos medioambientalmente sostenibles. Una reducción tan drástica en la utilización de fitosanitarios es sin duda un gran beneficio para la naturaleza y, si además supone incrementar la producción, abre una puerta para que no haga falta roturar nuevas tierras para conseguir más alimentos.
En cuanto a la tecnología que emplea, Marcos reconoce que al principio hay que dedicar una considerable cantidad de dinero. Pero él no lo califica como gasto, sino como inversión, ya que, gracias al ahorro y al aumento de rendimiento que le proporciona, va recuperando cada año parte de esa cantidad.
A la agricultura le está costando digitalizarse quizá más que a otros sectores, pero Marcos ha demostrado que esta tecnología ha venido para quedarse y mejorar la vida de los profesionales del sector. Funciona con el cereal, pero tiene también aplicaciones en el regadío para ahorrar agua, en los cultivos leñosos e incluso en la ganadería. Marcos explica que están ya al alcance de la mano los regadíos autónomos o los drones pulverizadores que evitarán jornadas maratonianas con el tractor arriba y abajo por cada parcela. Eso sí, las administraciones tendrán que poner más de su parte para mejorar la conectividad en todas las áreas del territorio, por remotas que sean, porque en cada rincón puede haber un agricultor o un ganadero que lo necesite.

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