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Opinión

04/05/2021

Una campaña singular

Fernando Lussón

Cada una de las campañas electorales que se suceden resulta ser más crispada, más dura, más ruidosa que las precedentes, pero probablemente lo será menos que la siguiente en la que volverán a repetirse los enfrentamientos a cara de perro, las descalificaciones ad hominen, los tiros por elevación para hacerlas transcender de su ámbito en el caso de las autonómicas, como ha ocurrido en los últimos 54 días, en los que Madrid ha ocupado el centro de la política nacional. La campaña electoral madrileña, cierto, ha vivido circunstancias singulares, la aparición de la violencia en un mitin de Vox, la llegada de las cartas con balas amenazantes a candidatos de izquierda y la supresión de los debates tras la negativa de Vox a condenar esos últimos hechos.  

Esa ha sido una ventaja para la candidata popular y presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que participó solo en uno y que se desempeña de forma regular en esos encuentros, hasta el punto que ni tan siquiera se planteó un debate a dos entre ella y el candidato socialista, Ángel Gabilondo, el vencedor de las últimas autonómicas, y quien podría encabezar una alternativa al gobierno popular.  

Según las encuestas, la única incógnita en la noche de hoy es saber el tamaño de la victoria del PP, y el grado de dependencia que tendrá de Vox, porque en la izquierda, el PSOE, si no se produce una movilización de sus votantes aparece como el que se llevará la peor parte, y no sería de extrañar porque ha realizado una campaña errática desde el comienzo y porque el Gobierno ha actuado en su contra como consecuencia del calendario europeo.  

Si los resultados del PSOE madrileño rozan la debacle, será el único partido que no habrá cumplido la misión que Pablo Iglesias impuso a los partidos de izquierda, que cada uno de ellos se preocupara de aumentar su electorado. El PSOE comenzó tirando el anzuelo en el caladero de Ciudadanos, pero el PP ya había pasado la red. Después apeló a Iglesias, del que había renegado al comienzo de la campaña para que le apoyara en un gobierno progresista sin participar en él, y entre tanto desde Moncloa, se lanzaban mensajes contradictorios sobre la subida de impuestos, una de las variables en la que Díaz Ayuso contraataca con el caramelo fiscal, cuando su primera promesa fue no subir impuestos a los madrileños.  Todo sonaba a la campaña de Rubalcaba cuando Zapatero anunció un par de iniciativas que iban contra la línea de flotación de su candidato.  

La campaña electoral madrileña ha transcurrido, como suele ocurrir, con una suma de reacciones a lo que dicen unos u otros candidatos, sin que las soluciones a los problemas de los ciudadanos ocupen el centro del debate, salvo en el caso de Más Madrid y Ciudadanos. Díaz Ayuso se ha dedicado a explicar cuál es su concepto sui generis de libertad y el resto se han preocupado por explicar los suyos de democracia, como si esta corriera un peligro inminente o la presencia de socialistas y comunistas en las instituciones fuera a derivar en la quema de conventos y el reparto de tierras.  

Nada está escrito hasta que no se recuenta el último voto, y una amplísima participación puede deparar sorpresas. Pero Ayuso, para quien “Madrid es España”, está dispuesta a que su triunfo aboque a una anticipación de las elecciones generales.            

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